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Invierno con nieve

Negu gogorra, urte emankorra. Invierno duro, año fértil

Los refranes y las esaera zaharrak condensan siglos de conocimiento ecológico tradicional en Navarra. Sin datos estadísticos ni modelos climáticos, nuestros antepasados construyeron una cosmovisión basada en la observación directa del entorno, los ciclos naturales y una visión profundamente pragmática de la sostenibilidad.

Antes se aceptaba —e incluso se celebraba— la crudeza del invierno como algo necesario y beneficioso para las cosechas futuras.

Hoy, en cambio, hablamos de “mal tiempo” cuando el invierno se muestra tal y como es, y la meteorología se convierte en una molestia logística o en una amenaza mediática. Algo ha cambiado en nuestra relación con el clima. Y ese cambio dice mucho de nosotros.

 

Cuando el invierno era una buena noticia

Durante siglos, en los pueblos de Navarra y del norte peninsular, una frase como esta —invierno duro, año fértil— no generaba preocupación, sino alivio. Un invierno frío, largo y exigente no era una amenaza: era una promesa. La promesa de un año fértil, de campos sanos y de cosechas abundantes.

Hoy, sin embargo, solemos hablar del invierno como un problema. El frío nos incomoda, la lluvia molesta y las heladas se asocian automáticamente al “mal tiempo”.

Este cambio de percepción coincide con nuestra progresiva desconexión de la tierra. Cuando dejamos de depender directamente de ella para vivir, cuando nos fuimos trasladando del campo a las ciudades, el clima pasó de ser un aliado imprevisible a una molestia cotidiana.

Desde una perspectiva antropológica, este refrán revela una relación con la naturaleza muy distinta de la actual. El invierno no era un enemigo que hubiera que combatir, sino una fase necesaria del ciclo natural.

El frío tenía sentido.

La dureza del invierno cumplía una función.

Las heladas ayudaban a sanear el suelo, a controlar plagas y a regular los tiempos de la vegetación. Un invierno demasiado suave generaba desconfianza. Un invierno gogorra, duro, era señal de equilibrio.

Esta visión no surge de la teoría, sino de la observación acumulada durante generaciones.

 

Febrero y carnavales

Aunque el refrán habla del invierno en su conjunto, febrero —el mes de los carnavales— es uno de los momentos invernales por excelencia. No solo era tiempo de fiesta, sino también un periodo clave para observar cómo había sido el invierno.

En esos días se comentaban el frío, la humedad, las heladas. No como charla banal, sino como una lectura colectiva del año que venía. El carnaval marcaba un umbral: el final del invierno duro y el inicio del despertar de la tierra.

 

De la trasmisión oral a la acción pública

Hoy, esas mismas preocupaciones —cómo afectan los inviernos al territorio, qué consecuencias tiene el clima a medio y largo plazo— se abordan desde otros marcos. En Navarra, el trabajo de preservación del medio ambiente y de transformación ecológica para hacer frente a fenómenos como el cambio climático y sus impactos se articula a través de la labor desarrollada por OREKAN, empresa pública del Gobierno de Navarra.

Hoy contamos con la ciencia como nuestro mejor aliado para estudiar el clima y adaptarnos a sus condiciones.

 

Una de las grandes tareas que realizan los equipos técnicos de OREKAN es el registro y la monitorización continua de datos que permiten analizar los cambios que se están produciendo y sus consecuencias. Conoce estas métricas a través de nuestra publicación El estado del medio ambiente en Navarra 2025.

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