…no te quites el sayo. La llegada del mes de mayo parece anunciar la llegada del buen tiempo. Las flores, los colores y los primeros calores. Casi siempre es así. Pero la naturaleza y el clima son sistemas dinámicos y cambiantes. Por eso este refrán ha sobrevivido durante generaciones: porque recuerda algo que seguimos olvidando constantemente: Que el clima tiene tendencias, sí, pero no obediencias.
Abril nos cae mal. Nada que ver con julio o agosto. Vas a comparar. No es un mes bonito, así en general, porque la lluvia tampoco lo es. Aunque es muy necesaria. Eso sí. Mucho. Como abril. Que sin hacer ruido asume su papel silencioso, casi invisible pero absolutamente necesario para que semanas después, mayo, se lleve todas las sonrisas y parabienes del personal.
Días más largos y amaneceres más tempranos. Y esa profunda sensación de que algo se empieza a reactivar en nuestro interior. Sentimos la sangre circulando por nuestras venas y cómo la vida, una vez más, comienza a florecer. Un despertar que anuncia el final del crudo invierno mientras todo tipo de especies de nuestro ecosistema salen de su letargo. Señores y señoras, se acerca la primavera.
"¡Nos van a salir escamas! Pero, ¿cuándo va a parar de una vez?"
En el último mes, memes y frases de este tipo han circulado por bares, ascensores e inundado los grupos de WhatsApp. Y sí, ha llovido. Mucho. Vaya que si ha llovido. Por eso, en algunas conversaciones también sobrevuelan otras preguntas: ¿Ha llovido tanto? ¿Esto es normal? ¿Siempre ha sido así?
Este año está cayendo más
Orekan Gestión Ambiental de Navarra presenta La Linterna Verde, una nueva serie de artículos divulgativos sobre cambio climático que se publicará a lo largo de este año en las contraportadas de Diario de Noticias. La iniciativa nace con una vocación clara: acercar a la ciudadanía información rigurosa, accesible y útil sobre los fenómenos ambientales que están transformando Navarra y el planeta.
Los refranes y las esaera zaharrak condensan siglos de conocimiento ecológico tradicional en Navarra. Sin datos estadísticos ni modelos climáticos, nuestros antepasados construyeron una cosmovisión basada en la observación directa del entorno, los ciclos naturales y una visión profundamente pragmática de la sostenibilidad.
Antes se aceptaba —e incluso se celebraba— la crudeza del invierno como algo necesario y beneficioso para las cosechas futuras.